sábado, 4 de marzo de 2017

De sabor.

No. No era lo que, correctamente, una merecía.
Si la vida fuera justa, o más que justa, indolora, no hubiera sido, sucedido o pasado. 
No era merecido, ese ingrediente no hacía falta porque desde que se estaba preparando este plato ha habido muchos ingredientes que han dejado un sabor amargo, pero sin embargo, este ingrediente se echó y fue cuando el plato era incomible. 
Todo tiene un grado donde ha de parar, donde hay que poner una superficie impenetrable porque ya no se ha de sobrepasar esa frágil línea.
Sin embargo hay quienes no entienden de normas y pisan ese límite, lo destruyen todo, se lo cargan sin importar las horas sin descanso de trabajo para lograr lo que se ha logrado. 
Y como hay quienes no respetan, incumplen, y se regocijan en el infierno ajeno, hay que sacar las garras y mostrarlas.
Es ahí donde todo se destruye, se acaba, se rompe; donde tiene lugar el desastre. 
Y sin saber cómo, te has de pegar tus propios pedazos y volver a cocinarlo todo de nuevo, seleccionando ingredientes con los que puede que lo vuelvas a destrozar o te lo vuelvan a tirar por tierra, pero hay que cocinar porque pese a todo, la vida tiene sabor y probando diferentes gustos, podremos ser expertos. 
A fin de cuentas, para eso estamos aquí.  Para saborear todo aquello aunque amargue. 

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