lunes, 26 de junio de 2017

DOÑANA

Con lo lindo que respirabas,
con la vida que dabas,
la especie estando allí no frenaba.

Con tus más que lindos amaneceres, 
preciosas marismas creadas.

La naturaleza cada mañana
con mucha fuerza se manifestaba
y por la noche todos unidos reposaban
para seguir dando luz a los ojos que la contemplaban.

Bellas flores de todos los colores,
de todos los tipos, para adornar la bella estampa.

Extrañas y comunes especies creaban la fauna,
allí podían estar como si del paraíso se tratara.

Sus bosques y dunas decoraban
un lugar sin precedentes,
una seda dorada.

Pero el ser humano que todo lo puede
tanto para la bondad como para la maldad
en vez de cuidarlo, todo lo destruyó
y ahora ya no es lo que era,
ahora solo llora Doñana.


lunes, 29 de mayo de 2017

Di.

Di.
Di tanto que me quedé seca, seca de todo.
Di mis memorias.
Di mi agua salada; y la dulce.
Di mis caricias y tatué mis huellas dactilares.
Di.
Lo dí.
Di mis secretos.
Di mis vergüenzas.
Di mis ilusiones.
Mis noches en vela.
Mis mañanas con sus "buenos días".
Di mi alma en ocasiones.
Hasta las sonrisas las di.
La ansiedad y la calma.
Mis misterios y temores.
Todos ellos los di.
Mis oídos lo escuchaban todo, mis consejos también di.
Toda la maquinaria que hace "bom-bom" una y otra vez, hasta esa la di.
Di hasta la clave para hacer sufrir, mi propia clave; la trampa para mí.
Ilusa de mí.
No paré hasta verte sano, hasta verte reír, hasta sentir tu tranquilidad, tu "bom-bom" latiendo con naturalidad.
Te di los orejones, mis manos, mis discusiones.
Me conocí hasta en el peor de mis momentos, hasta eso te di.
Y todo lo que he recibido desde un tiempo a esta parte ni lo quise ni lo pedí, ni lo merecía bajo ningún concepto y por ello huí.
Huí de rincones, de lugares, fotos, escritos, regalos, envoltorios, entradas de cine, cajas rojas de lo que un día bebí.
Quise huir de todo, pero finalmente vuelvo aquí.
Vuelvo como cada día vuelvo a acordarme de lo que un día fui, a salpicarme los ojos estos que antes te miraban sin fin.
Y aunque huyera de todo, vuelvo ahí, al que hace "bom-bom", al que no para de latir; que se va sanando con el tiempo y a la mínima se siente herido, a ese vuelvo, ahí.
Porque sabes lo que fue, lo que fui y lejos de culpas o culpables, aunque te debería maldecir, solo sonrío por algo; porque creo que un poco de mi ser se quedó en ti.
En tus recuerdos que ahora borras con nuevas historias; en las caricias que un día te di,
en la calma que según te daba, en el amor que nadie te hizo sentir.
No guardo ni pizca de rencor, por más que lo intenté no lo conseguí.
Si un día recuerdas algo de lo que solías decir,
también recuerda todo lo que hice, y lo que te di.
Y que no me arrepiento de nada, de nada de mi.
Pero ojalá que nunca pases por lo que me ha tocado a mi.

sábado, 4 de marzo de 2017

De sabor.

No. No era lo que, correctamente, una merecía.
Si la vida fuera justa, o más que justa, indolora, no hubiera sido, sucedido o pasado. 
No era merecido, ese ingrediente no hacía falta porque desde que se estaba preparando este plato ha habido muchos ingredientes que han dejado un sabor amargo, pero sin embargo, este ingrediente se echó y fue cuando el plato era incomible. 
Todo tiene un grado donde ha de parar, donde hay que poner una superficie impenetrable porque ya no se ha de sobrepasar esa frágil línea.
Sin embargo hay quienes no entienden de normas y pisan ese límite, lo destruyen todo, se lo cargan sin importar las horas sin descanso de trabajo para lograr lo que se ha logrado. 
Y como hay quienes no respetan, incumplen, y se regocijan en el infierno ajeno, hay que sacar las garras y mostrarlas.
Es ahí donde todo se destruye, se acaba, se rompe; donde tiene lugar el desastre. 
Y sin saber cómo, te has de pegar tus propios pedazos y volver a cocinarlo todo de nuevo, seleccionando ingredientes con los que puede que lo vuelvas a destrozar o te lo vuelvan a tirar por tierra, pero hay que cocinar porque pese a todo, la vida tiene sabor y probando diferentes gustos, podremos ser expertos. 
A fin de cuentas, para eso estamos aquí.  Para saborear todo aquello aunque amargue. 

miércoles, 1 de febrero de 2017

La película había acabado.

Y se marchó, si continuaba le dolería aún más.
Así que se marchó, se largó, se las piró porque ya no le interesaba saber sobre los paraísos engañosos que susurraban sus malditas palabras. 
Y ya pasaba, si aguantaba un minuto más, se podría hincar sus propias uñas. 
La tensión se acumulaba loca en un punto tras dar vueltas y vueltas por todo un cuerpo sacrificado y dañado, que últimamente sufría mucho más de lo que un día pudo haber merecido. 
Estaba alimentada por el rencor y los recuerdos que atormentaban su mente golpeando una y otra vez fuertemente. 
Se acariciaba la frente como si así pudiera traspasar al epicentro de los sueños y pesadillas y sacarlas de ese lugar que solo hedía últimamente. 
Y deseaba que todo se torciera como su línea de pasos últimamente hacía. 
Al abrir los ojos, los quería cerrar; pero siempre fue muy perseverante y una fuerza íntimísima le hacía abrir los ojos de par en par y mirar por esa ventana de hierba y agua por la que no entraba el sol. 
Sería por ventanas. 
Y no sé cómo coño lo hacía, pero salía, lo intentaba aunque se cayera, y respiraba y ponía sus cinco sentidos en el fluir de su ir y venir, de su ajetreada respiración, que paraba en sacudidas fuertes, a veces. 
Y lo pensaba, sin quererlo lo pensaba, y no dejaba de hablarlo, pues al hacer volar las palabras quedaba más espacio para otros elementos, así volaban, así se hacía más hueco, y ahí entraba la paz, la caricia del alma. 
Se mordía las alas a veces, se le aceleraba el ritmo cardíaco otras y en ocasiones, el subconsciente le recordaba que era una señorita, la princesa de un cuento y las princesas eran buenas y tenían buenos sentimientos y correctísimas palabras, así como modales. 
Era un ir y venir de sucesos, de momentos y vivía lo normal ante lo absurdo y carente de significado. Y no lo merecía pero la vida es así.
Ya se prometió no retroceder, ahora la cara la elevaba a las estrellas cuando la ansiedad le daba tregua. 
Ya no, ni una más, ni por esos ojazos, ni por ese lunar en el labio. 
El deleite en asco, el aroma en putrefacción, la admiración en compasión, los deseos en pesadillas. Esta segunda parte se había puesto tan fea que se había dejado de grabar, simplemente, porque la película había acabado.