sábado, 27 de agosto de 2016

A ti, fiel amigo...

¿Qué te pasó? En realidad ¿qué te pasaba? ¿Por qué no nos lo contaste? ¿Por qué no lo hiciste?
Tú que eras quien alegraba las mañanas grises con la mejor de tus sonrisas, tú que no podías parar de reír, tú que eras la pesadilla de los profesores porque no parabas de hablar, por ser un guasón.
Tú, querido amigo, que te quedaba tanto por vivir, tanto por lo que luchar, tantas sonrisas por sacarnos a los demás, tantas asignaturas por superar, tantos cortos por realizar, tantas academias por visitar.
Tú, que no parabas de hablar, ¿por qué no lo dijiste? ¿por qué lo viviste en silencio hasta que ya no pudiste más? ¿Piensas que los demás somos héroes superiores a ti? ¿Realmente pensabas eso? Porque si es eso lo que rondaba tu mente estabas muy equivocado, los demás somos héroes y heroínas que luchamos diariamente con nuestros miedos como buenamente podemos.
Mírame a mí, no soy más que tu, han pasado siete años, cinco meses y cinco días y aquí me hallo escribiéndote porque te echo de menos, porque te he echado de menos durante todo este tiempo, porque te he llorado y te sigo llorando, porque no puedo ver tu tumba, no puedo leer el nombre de un amigo y compañero de la infancia sobre una lápida, no es real, lo he hecho y sólo quería pellizcarme hasta que alguien me despertara de esa pesadilla,...pero finalmente era realidad, no había pellizco, no había pesadilla, solo realidad dura.
Nunca hubiera imaginado que la primera vez que visitaría un cementerio sería junto a una clase de compañeros de instituto para llevar un ramo de flores a un compañero, es tan...¿peliculero?
Veo a tu madre y te veo a ti, llevo todo este tiempo queriéndole preguntar un sencillo ¿cómo lo llevas, Loli? Pero no soy capaz, no he sido capaz de volver a pisar tu tienda, porque sería raro que no apareciera un moreno de ojos grandes que viniera de una academia y nos sacara una sonrisa a cualquiera de nosotras. No soy capaz, es ahora cuando alguna vez me paro a ver el escaparate, pero es que el niño de maniquí se parece tanto a ti...desde pequeña pensaba que era como tú, que no había oro que se pareciera a ti.
Tu tío ya no ha vuelto a ser tu tío, ya no saluda con esa sonrisa que le caracterizaba, ¿cómo va a sonreír una persona que era como tu padre?
¿Y tu padre? Apenas lo vi hace unos días pero no lo veía desde tu entierro, me han dicho que sigue yendo al campo, debes ser tú quien le esté dando la fuerza para pisar nuevamente ese lugar, porque si no, no hay fuerza humana que se enfrente diariamente a la misma pesadilla que vivió un veintidós de marzo de dos mil nueve.
La clase no volvió a ser la misma desde tu partida, dejaste a un trío roto en un dúo que ni hablaba, dejaste un pupitre que no quería que nadie tocara, no había más riñas, jo..., ¿por qué lo hiciste? ¿por que te fue permitido? Solo Dios lo sabe
Nadie ha vuelto a ser la misma persona desde tu partida, porque hay traumas que no se superan jamás, no hablo mucho de ti últimamente hacia el exterior porque creo que pueden pensar quienes me rodean que esto es algo que ya debería estar superado, pero yo no lo superé y sinceramente, me cuesta creer que alguno de los que estábamos allí, llorando por tu partida, lo haya superado.
He aprendido a vivir sin ti pero superarlo creo que no lo superaré, he topado con fotografías en mi casa donde apareces tú y con recuerdos en los que estás tú, con un vídeo de nuestra primera comunión donde apareces tú, y los tuyos...nuestra confirmación
Recuerdo que querías ponerle un equipo de música al coche, ¿por qué no llegaste a hacerlo? Quedaba un verano lleno de polígono donde podíamos haber bailado aquella música que hubieras elegido para tu equipo.
No voy a olvidar la mañana en la que me enteré de que te habías ido, y mucho menos la forma, será algo que no podré terminar de imaginar en mi cabeza.
Tampoco es que te reproche nada pero cuando no entiendes las cosas sueles enfadarte con el mundo, porque tenías tan solo dieciocho años y toda una vida por delante, y ... no es justo que tú, un alma buena, llena de amor, y sin una pizca de daño o maldad, se fuera, de una forma tan silenciosa.
En verdad cuando veo a tu madre por la calle me da un poco de apuro, es una extraña sensación, no de culpa, pero si puedes evitar dicho momento, lo haces, porque al verme ella se puede acordar más fuertemente de ti, de su niño, de su único niño, del niño de su alma, de su corazón, por el que tanto luchó y por el que sigue luchando...
Quiero que sepas que vives en mí todos los días de mi vida y que cada paso que he ido dando en la vida he pensado en ti porque tenías mi misma edad y tú estarías dando otro paso parecido, así como cada diez de agosto recuerdo que es tu cumpleaños.
Querido amigo, te aprecio, te he querido y te sigo queriendo porque eras una persona que se hacía querer por todo el mundo que te conocía, sigue dándonos fuerza como lo has ido haciendo desde ahora desde el cielo. Aunque terminara en la otra punta del mundo no podría olvidar a un compañero como tú.

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