miércoles, 22 de junio de 2016

PRINCIPIOS DE UN MOMENTO.

Me ha sorprendido en mi despiste el estío y con este todo aquello que lo decora y lo hace ser lo que es.
Me ha encontrado con la mente en otros lugares y ni me he enterado que ya estaba en él cuando, por curiosidad, he ido a consultar el almanaque.
Ha sido entonces cuando he inaugurado la temporada de cenas en el patio, ya que me ofrece la oportunidad de tomar alimento unido a la brisa fresca que tanto añora esta tierra extremeña.
He llenado el vaso de agua porque es lo que más me refresca en este tiempo, además la garganta se me suele secar de tanto hablar y mi amiga, el agua, me es fiel desde hace mucho tiempo.
Me he incorporado a partir en pequeños trozos esa tortilla francesa que, casualmente, hoy me ha salido bien.
Y me he puesto a masticar y he echado de menos esa agonía a mi lado que producía sonidos con su garganta, pidiendo que le arrojara algo de comida. Y he mirado a ese cuenco de agua que había y me he vuelto a enterar que ya no está.
Veo la puerta de su cuarto medio cerrada y me da la sensación que en cualquier momento va a ser abierta con su hocico pero ya ni el aire la abre.
Me he tomado un yogur y no puedo rebañar lo que queda, por eso acostumbraba a dárselo a mi amigo porque lo dejaba como los chorros del oro.
Hoy observo a una perrita abandonada sobre el suelo del patio de mi casa y me da pena no podérmela quedar, le miro sus ojos y me hago una ligera idea del calvario que ha debido vivir y por el temblor de su cuerpo acierto que han quedado secuelas. Se ve buena, tan buena que ni ladra, ni apenas come.
La miro y me mira y parece que me quiere decir con su mirada que se queda conmigo y es como si me diera las gracias con su aspecto facial. No me importa que se quede en casa hasta que se le encuentre un hogar y una familia que desarrolle el verdadero significado del ser humano; pero no me la puedo quedar.
Me duele quedármela, es como si le estuviera siendo infiel a mi amigo, como si no me importara que ya no esté aquí. Es como si quisiera borrar el tiempo y el conjunto de historias vividas. Como si el egoísmo me definiera, como si llevara a la práctica el dicho de "un clavo saca otro clavo", y es que no puedo ni por él ni por ella, que ni hace un mes que nos dejó junto a sus hijitos. Me duele mucho la pérdida de mis animales, me parece injusta las formas, el modo, si me parecía injusto el dolor de Boby, me parece que lo de Luna ha sido un trago muy difícil que no merecíamos, ni ella ni sus hijitos ni nosotros, que somos amantes de los animales; una auténtica injusticia que no la damos a probar a nadie; si me permiten les diré que ha sido una tragedia, una de las tragedias más feas que he vivido y que a su vez ha unido de nuevo a esta familia, porque no nos hacemos daño, pretendemos no hacérselo al otro, y es por ello que ni tan siquiera mencionamos el tema.
Siento no poder adoptarte, pequeñita; pero he de ser fiel a mis principios y estos me dicen que le he de guardar respeto a quienes me respetaron, me recuerdan que estoy de luto por su pérdida y me impiden que rehaga la vida animal que siempre me ha acompañado en mi vida.
Buena suerte, mientras tanto, no te abandonaré.