martes, 10 de mayo de 2016

MADURAR

He conocido el verdadero amor porque cerré los ojos dispuesta a madurar como ser humano; quería avanzar en un camino en el que me había quedado estancada por completo sin darme cuenta durante un tiempo.
Cambié la forma de pensar de modo totalitario y me acostumbré a caminar en una vereda más sencilla y más humana.
Mis días habían cambiado desde que abría los ojos en la mañana hasta que los cerraba en la noche, e incluso puede darse el caso, y se ha dado, que en la noche tenía sueños más bonitos.
Aprendí a caminar sin correr porque me percaté que las prisas no traían nada bueno, pero miré hacia atrás y no solo corría sino que volaba.
Me levantaba con una sonrisa y me acostaba con otra porque durante el día la mantenía y eso me encantaba.
Los días fueron bellos y la vida comenzó a resultar más bonita y el mundo un lugar más salado y dulce donde vivir.
Sonreía y reía a carcajadas, recordando ese cosquilleo que tenía de niña y he vuelto atrás y he regresado al presente una y otra vez, he disfrutado y he comenzado a soñar con los ojos abiertos.
Me he adaptado y se ha adaptado y he dejado atrás un montón de prejuicios con los que estaba cargando en un viaje en el que no me hacían falta.
Por supuesto que tuve que acostumbrarme a comentarios inoportunos y que no me ayudaban pero eso es algo con lo que contaba y lo he llevado bien desde el principio, cuando los escuchaba solo sonreía, tomaba aire y me alegraba de haber sido afortunada en la madurez.
Me he dado cuenta que somos nosotros mismos los esclavos de nuestras malditas leyes absurdas acerca de prejuicios que no van a ninguna parte, prejuicios que se esfuman cuando intentas encontrarles explicación o cuando te preguntas el porqué, cuando ves que no existe justificación alguna, que esta se esfuma porque no tiene base.




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