jueves, 12 de marzo de 2015

PEQUEÑO



La oye pero no la escucha, la ve pero no la mira,…
Alza su brazo bruscamente y tropieza este con una cera, una cera del color del melocotón e invierte el mismo recorrido, marcha atrás; sus ojos, color avellana, observan algo que nadie ve, algo que está muy lejos, tan lejos que solo el poder de su mirada logra capturar. Al mismo tiempo golpes sin razón da sobre un folio tan arrugado que parece que se tratara del envoltorio de un regalo recién abierto, golpes, uno aquí, otro allá, otro más,… rápidos, muy rápidos,…se acerca  y lo mira,…golpes a compás de reloj.
Reloj que ahora marca la hora de realizar la ingesta pequeña, esa ingesta para amansar a las fieras de la panza,…Abrir la cremallera, coger el regalo alimenticio envuelto en papel de ese que brilla, de ese papel con el que hacíamos pelotas con las que entretenernos cuando no había tanta tecnología y cuando aún las calles estaban llenas de pequeños futbolistas, de minis papás y mamás, cuando las calles estaban llenas de sueños e imaginación por doquier… ; desenvolver ese papel plateado, tirarlo a la papelera, transportar el avión a la boca, masticar, tragar, satisfacer,…
-          Mira, tu mochila, es la hora de la merienda, cariño-
La oye pero no la escucha, la ve pero no la mira,…
-Verás, te ayudo a abrir la cremallera, mira ¿ves? Se tira de aquí, venga, ¡ahora tú solito! - Cremallera estancada. La tiene sujeta pero no la siente, la mira pero no hace nada.
- ¡Ay! No te preocupes, yo te ayudo y tiramos los dos, ¿vale?, así,- Tiran pero,…solo tira ella- ¡a ver, ahora lo vamos a desenvolver, a ver qué traemos hoy!- Se lo da y el príncipe de la mirada lejana, tira un poquito pero… se cae- Bueno, ya lo abro yo, hoy las manos están cansaditas, a ver qué tenemos… ¡Anda ya! Pero si es un sándwich de nocilla, mmmmmmm ¡qué rico! ¡Y qué grande se va a poner mi príncipe!, beso en la mejilla…y a ver qué hay por aquí,… a ver, a ver… ¡Toma ya! Un zumo de naranja, ¡Madre mía! ¡Qué pintaca! ¡Te vas a poner como Popeye!….Parece que sonríe, pero no, no hace nada.
Se lo da y come, parece que la mirada es algo más cercana…abre la boca, grita ¡Aaaaah! y calla. Parecía que había venido, ha venido pero se ha ido, saborearlo ha sido cuestión de…nada. Retiene sus lágrimas, impotencia siente ahora, pero eso no sirve, eso no da alas, sonreír es lo que necesita para que en su mundo produzca algo, aunque no parezca casi nada, “se va a poner bien” piensa, “él ya está bien, solo necesita tiempo, ¿tiempo? ¿cúanto más? ¡calma! ¡caya!” Un grito a su pelea emocional interna, un grito para estar más relajada, vuelta a la realidad, se sienta a su lado y le habla, le canta canciones de clase, hasta nanas, es su niño, es un niño especial, es un niño más, lo ama. Lo ama como a todos, se preocupa demasiado pero es necesario, intenta estimularlo, piensa  “¡por favor, habla!” No sirve de nada…
La oye pero no la escucha, la ve pero no la mira,…
Tiran los desechos, le ha llegado energía a sus manos, caminan al patio, el timbre sonó hace rato, la compañera vigila al resto de los niños, hoy Samuel está algo más flojito, pero no pasa nada, sus compañeros tienen cuatro años, el también, aunque va un poco más despacio, calma. Tardará lo que necesite, no le faltará de nada. Ambos pasean hacia el patio, allí hay lluvia de alegría, suelta la mano del pequeño,- ¡Anda, ve con los amiguitos!- le dice agachada, mirándole a los ojos…
La oye pero no la escucha, la ve pero no la mira,…
Se vuelve junto a sus compañeros, aún sigue dominando el género femenino en la manada, de vez en cuando aparta la mirada, quiere supervisar al pequeño pero sabe que lo ha de hacer desde la distancia. –“ Samuel no juega a nada”- comenta una compañera,  se hace el silencio en la casi femenina manada, ella baja la mirada, necesita abrazarlo, Samuel si juega a algo, pero nadie lo entiende, solo ella, ella sabe que está en su precioso mundo, de dragones y de hadas, de seres sin nombre, de paz y de aromas dulces, de cumpleaños con piñatas, de alegrías y sonrisas, que poco a poco saltan en su cara.  Se coloca tras él, le toca suavemente el hombro diestro, se agacha, lo mira durante un largo rato en que el griterío de los peques acompaña a sus miradas, miradas que se chocan aunque estén calladas.
La ve pero no la mira,…
Abre la boca el pequeño Samuel, la mirada es más cercana, lo siente, lo sabe, ella no dice nada, mantiene el silencio, un silencio que se rompe cuando el pequeño príncipe dice:
-          Ma…má…
Lágrimas de esperanza


Seis años

Hay vacíos que nunca se llenarán.
Hay recuerdos que nunca se borrarán.
Hay personas que nunca se olvidarán. 
Hay momentos que jamás se revivirán.

Y hay un rincón que guarda tu nombre, 
un nombre que tengo en mi mente
que suena constantemente 
que no hay nada ni nadie que lo borre.

Hay una infancia vivida juntos
y miles de historias en común, 
me duele saber que no estás aquí
sin embargo, me alivia hablar de ti.

Es una forma de tenerte más cerca,
es un modo de liberarme.
Es una forma de gritar "Te quiero"
y decir a voces: ¿Por qué te tuviste que ir, compañero?