lunes, 5 de diciembre de 2011

CARTA A UN PADRINO...

Pienso en ti y se me humedecen los ojos porque no te tenías que haber ido, porque aun pasado ocho años no lo he logrado superar; cada vez que paso por la puerta de esa, tu casa, mi segunda casa me viene una ráfaga de recuerdos que me hacen parar por un momento y sentir melancolía, melancolía por no tenerte, por saber que ya no te voy a volver a ver, porque de más sé que necesito pisar esa casa pero que ya es imposible, que necesito ser de nuevo esa niña pequeña a la que cogías en tus brazos y paseabas por las calles de nuestra Azuaga, porque ya no es lo mismo sin ti, porque hay tardes que necesito sentir que aun estáis allí y que me dan ganas de ir a veros pero sé que eso fue algo de lo que pude presumir durante un tiempo pero que ya no puedo. Te necesito y necesito abrazarte, darte un beso, ver tus preciosos ojos, escuchar esas historias que me contabas una y otra vez. Porque necesito aunque sea ser esa persona que te cuidó por una milésima de tiempo, que te daba de comer, que se sentaba a ver como mejoraba tu herida, esa persona a la que le decías te quiero, a la que le dabas la merienda, a la que presentabas como tu ahijada, porque se de más y de sobra que estás allí arriba pero hay momentos en los que necesitaría tus consejos y tus ánimos. Porque cuando te fuiste yo aún era una niña metida en una burbuja en la que todo funcionaba bien. Ahora, una vez fuera, me he dado cuenta que el mundo es algo más cruel que el que tu y yo pintábamos, que no hay tantas personas tan honestas como tu. Necesito que sepas que he pasado de ser una princesa a la que todo se lo hacían a ser una heroína a la que la vida le ha puesto pruebas que ni siquiera me hubiera planteado y de la que seguro te sorprenderías, necesito que sepas que no me he dado por vencida y que no lo pienso hacer. Que te tengo que contar que llevo siete años haciendo frente a un problema día a día, un problema que se parece a esas montañas rusas a las que nunca me hubieras dejado montar, sí, una montaña rusa que cuando menos te lo esperas baja y te das el susto, así ha sido. Que me he encontrado con personas que no eran precisamente tan buenas como tú, que me han hecho sufrir, pero que yo poco a poco me he ido haciendo fuerte y que gracias a esas personas ¿por qué no? también he sacado lo positivo, soy mucho mas fuerte que aquella personita a la que dejaste un 15 de febrero de dos mil tres, sábado al mediodía, que decirte que pienso en ti mucho; y que por favor desde el cielo nos cuides a los míos y aquí, tu ahijada, que ahora aparecen fotos en las que sales en estas redes sociales, y si ves mis fotos te darás cuenta que no he cambiado físicamente mucho desde que te fuiste y que aún con todo lo que te he contado, sigo manteniendo una pizca de esa niña a la que dejaste, que de hecho estoy estudiando para ser maestra y con eso quiero que estés orgulloso de mí.Yo desde aquí sueño contigo, tú desde allí haz lo mismo, por favor. Un beso enorme. Padrino.


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