domingo, 21 de agosto de 2011

ESTÁBAMOS EN EL DOBLADO

Estábamos en el doblado, tú estabas sentada en una silla pedaleando para que aquella maquinaria, aquella máquina de coser, hiciese de un simple trozo de tela un hermoso vestido para mi próxima salida de paseo junto a ti. 
Recuerdo que era una tela de color blanco a la que adornaste poco a poco de flores rosas.
Yo no faltaba nunca, ninguna tarde te faltaba tu nieta, allí tirada en el suelo jugando con los trozos de tela que ya no te servían, así pues yo era como tu aprendiz, solo que yo hacía ropa de manera más rápida, y por tanto mucho peor que la que fabricabas para mí y para el resto de tus nietos. La camisa que tardabas una semana en preparar, yo tardaba tan solo cinco minutos... ¡cómo sería mi camisa ! ¿no?
Recuerdo que siempre querías que entrara luz por la ventana, pero no en abundancia. Te gustaba que nos viésemos entre luz y sombra.
Recuerdo tus suspiros y tu cara, la cual me ofrecía solo a mí una sonrisa, pues estabas triste muchas veces.
Vestías en negro,...ese color a mí no me gustaba pero a ti era el único color que vestía tu armario.
En invierno, con el frío no me sentaba en el suelo, si no que me sentaba junto a tí en una camilla con brasero de cisco...y me entretenía viendo aquellas revistas de moda que tenías con aquellas mujeres tan altas y delgadas dibujadas sobre el papel que ahora es amarillento.
Me aferro a este recuerdo, sobre todo a este recuerdo, ya que solo tengo eso, recuerdos inventados de una niña que añora no haberte conocido, una niña que no entiende porque te tuviste que ir antes de que yo llegara a este mundo, el recuerdo de una niña que te quiere, que te ha querido y que te querrá siempre aunque no te haya conocido.
Hasta siempre...abuela.

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